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Otras historias

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Nuevos tiempos

Con los años aprendí que no todo es tan grave como en un principio pensamos, que una vida no da para ganar demasiadas batallas y que hay que elegir muy bien en cuales te embarcas y cuales tomas como buenas causas para que luchen otros.

Los años nos enseñan a ser más moderados, más contenidos, más listos y a elegir desde el conocimiento. Los años nos descubren las matemáticas, la física y química, las construcciones gramaticales, las normas, 25 formas distintas de ver una pantalla de ordenador, 3 idiomas o no hay trabajo, modales, latín y otras lenguas muertas, como cuidar a un hijo, como andar en bici, las tablas del 5, del 6 e incluso la del 9, las letras… Los años nos enseñan a aparentar menos edad de la que tenemos, a cuidar el colesterol, a aguantar con entereza la cola del supermercado. Los años nos enseñan tantas cosas que puede que no aprendamos nada.

Uno más

Llega un momento que los años dejan de celebrarse y sólo se cumplen. Pasan por ti y como si de un cumplido se tratarán les das la razón. Pasan, y tú no estás seguro de querer que solamente te rocen o de querer que te aplasten sin más, quitándote la poca vida que te queda por vivir.
El sonido se transforma en ruido nada más acercarse a tus oídos. Los ojos pasan a ser un simple adorno en la cara que contrarresta en parte la ausencia de dientes. Los pulmones no dan abasto para soplar tanta vela encima de una tarta y tu lo único que quieres es que los demás te dejen tranquilos, se vayan a sus casas y celebren en silencio que tu cumples un año más.

Movimiento global

El mundo es una autopista que avanza a través de paralelos y meridianos a casi cualquier parte del planeta. Desde Ciudad del Cabo hasta Noruega y de Hawai a Corea. Quizás el peaje nos salga muy caro. Algunos dicen que la interconexión es positiva. Normalmente esto lo defienden los que salen ganando con esta globalización y como los que pierden no tienen voz…

Ruidos

Estaba en el baño y además de escuchar el sonido del cepillo contra los dientes podía escuchar la discusión de los vecinos sobre la hipoteca y los gastos. Se ve que todos andamos igual.

Cerebrados y descerebrados

Del creativo por excelencia, del que ideó la materia gris, del que nos pensó antes de que pensásemos, no se puede esperar un regalo menos original.
El otro día hablábamos de los sueños, el sueño es el recurso que nos permite no volvernos locos, es el que libera por un momento lo que pensamos, la imaginación es el juguete de los juguetes y Dios es el creador. Tiembla Play School. Gracias por la imaginación.

Distancia

Él era el cúmulo de dos desgracias. Ella era de las princesas de carrera en la media.
De las que vomitan hasta quemarse el esófago. Ella se fue y sus mundos se vinieron a bajo.

Son sueños

Son sueños Soñemos, mujer, para estar despiertos.
De tripas corazón.
L.E. Aute

El sueño es ese estado semiinconsciente que nos acerca a una realidad que nos aleja del mundo en que vivimos. Este viaje que realizamos cada noche nos arrastra a un lugar desconocido, una especie de collage formado con múltiples recortes de nuestra experiencia y retazos de lugares y personajes ya conocidos. Es una nueva composición, en apariencia novedosa pero construida a partir de composiciones antiguas.
Este mundo onírico tiene unas reglas muy diferentes a las que nos mueven durante el día, el tiempo se altera y los flashbacks y repeticiones se convierten en reyes por unas horas.
El estadio del sueño y el de la consciencia se mezclan, y así se puede despertar de un mal sueño entre sudores y gritos o con una sensación dulce y extraña plenitud cuando un sueño ha sido placentero aun cuando no se recuerda lo soñado. El mundo real nos conduce irremediablemente al mundo de los sueños y a la inversa.
El contacto con la realidad puede ser mas o menos duro dependiendo de la relación que exista entre lo soñado y lo vivido, la relación entre nuestros sueños y nuestras realidades. Cuando lo real no merece la pena compensa refugiarse en lo falso. A veces, para sobrevivir es necesario estar dormido y soñar, o soñar despierto o soñar para estar despierto

Aquí estamos

Después de un largo parón por los exámenes aquí estamos de vuelta. He perdido la práctica y no me atrevo mucho a contar nada. Posiblemente tengo muy poco que decir. Los exámenes agolparón muchos conocimientos pero no grandes ideas. Desde aquí unas grandes felicitaciones a todos los que me leeis ya que sé que este cuatrimestre lo habeís bordado jejje.

Silencio

Pedro, antes de empezar una historia, va de rama en rama hasta que se recorre todos los árboles habidos y por haber. Finalmente, vuelve a poner los pies en la tierra y comienza por fin. Yo ya estaba preparado para esperar. Él está dejando de fumar pero aun llevaba, y aun lleva, la cajeta en el bolsillo. Es por si acaso le entra el mono. Por pura inercia, saca la cajetilla y cuando vuelve a meter la mano en el bolsillo para coger el mechero se da cuenta que ha dejado de fumar, entonces, se limita a ofrecerme un cigarro y yo, como siempre, acepto.
El sol cae a plomo en la terraza de este bar, en una callejuela estrecha perdida entre las muchas venas y arterias de Madrid. El sol era tan pesado que todos nos retorcíamos en las sillas metálicas buscando un pequeño sitio que aun estuviese frío.
Me encanta observar a la gente en el metro, o por la calle, o cuando pasan por la oficina.
Con esas situaciones puedes inventarte más de mil historias pero que sólo interesan a personas como Pedro y como yo.
Cuando se decidió a presentarme a sus personajes yo ya iba por el segundo pitillo. Me aseguró que la historia era cierta, que le había ocurrido a un compañero suyo. Lo hace para no perder la esperanza de que cosas así todavía pueden ocurrir.
La historia no estuvo mal pero me ha contado algunas mejores. Lo mejor vino después, cuando los dos nos quedamos callados mirando a la gente pasar. Poco a poco, el sol fue bajando y el atardecer se hacia agradable. Pedro y yo, continuábamos mudos en la terraza pensando en otra historia que contar. Algunas veces, me gustaría ser uno de los personajes de mis cuentos, aunque sé que siempre acaban mal.
Y desde allí, sentado en esa silla, parece que dominas el mundo, que la gente se mueve a tu antojo y que cada paso, cada mueca, cada suspiro o respiración te pertenecen. Y así, allí sentado va pasando la vida por delante.
Pedro aguanta unos segundos con la mirada perdida hacia un coche rojo aparcado a unos cuantos metros. Yo le pregunto si le gustaría tener uno así, pero lo que quiere realmente es que de él, salga una mujer atenta, bella y le pida que lo vendan y compren un monovolumen, y que tengan muchos niños. Pero esto Pedro no me lo cuenta, sólo me dice que prefiere los coches grandes.
Sentada cerca de nosotros, hay una mujer que seguramente se parece a la que Pedro le gustaría que saliese del coche. Me gustan sus gestos, su forma de abrir el periódico y de pedir el café… Pedro me descubre distraído, mirándola, y me pregunta si quiero una así. Yo me conformo con imaginarme que la tengo pero a Pedro, le hago un gesto con los hombros como si no me importase que sucediera.
Pedro y yo sólo nos conocemos por nuestras historias, por nuestros silencios, pero aun así, nos conocemos a la perfección.

Velocidad

365 días es lo que tarda el mundo en dar una vuelta completa el sol al tiempo que gira sobre si mismo a una velocidad de 24 horas por vuelta completa.
Los periódicos de mañana arrastrarán hacia el precipicio las páginas de los de hoy, cuatro niños están naciendo...ahora! tres personas están muriendo y dos de ellas viven en un país subdesarrollado. En el supermercado las cajeras no paran de cobrar comida precocinada, precalentada y por poca precomida. Los telediarios nunca se callan, noticias y noticias, palabras, imágenes, música, títulos de crédito y otra vez a empezar. Desayuno, comida y cena es lo mínimo en un país desarrollado al tiempo que tres telediarios es la norma general.
Ante este panorama yo, como a Groucho me dan ganas de parar el mundo y bajar

Sueños

Soñar es gratis, dicen. Sin embargo,
quien ha soñado sabe que los sueños
se suelen pagar caros.
Javier Salvago

Sergio, un amigo mio, perfiló en media hora de trayecto en autobús una vida ideal hasta que el disco del semáforo se puso en rojo, el bus pegó un frenazo y Sergio volvió a su asiento, a su comida por hacer, su examen del viernes y a la siesta que no puede dormir.
Es cierto que los sueños se pueden pagar caro, pero durante treinta minutos Sergio viajó mucho más lejos que de su casa a la facultad. Por tanto, que no nos quiten lo bailado.

Algo ha cambiado

Sé que algo ha cambiado. Lo supe desde el momento que un chico se sentó en un banco cerca de mí y empezó a dibujarme. A ratos me miraba y a ratos se quedaba clavado en su libreta sin perder de vista ni un momento su mano, que acordándose de mi cara, de mi camisa de cuadros, de mi vaquero más blanco que azul… los dibujaba en el papel.
Al acabar, me dejó allí, en líneas, trazos y sombras.
Después me dijo que era un estudiante de Bellas Artes y que le fascinaba que existiera gente como yo. Me regaló el dibujo, que lo tengo pegado junto a la cabecera de mi cama. En la esquina inferior derecha escribió su nombre. Él, a cambio se llevó los zapatos brillantes.
Fue entonces cuando me di cuenta de que mi ciudad no era mi ciudad, que la gente había cambiado, que un limpiabotas ya no era un limpiabotas. Era una reliquia de museo, un ser en peligro de extinción, un personaje tan lejano como un Cervantes (por mucho que este año esté en boga) o un Góngora.
Esa tarde continué limpiando zapatos. Primero unos marrones de caballero, después unos con cordones, otros de tacón bajo… pero yo ya no era un limpiabotas.

Pollock

Pollock "...the painting has a life of it´s own. I try to let it come through".
- Jackson Pollock

Hoy

Me levanté tan temprano como ayer, desayuné con la misma prisa mientras en el telediario ponían las mismas noticias, el agua de la ducha volvía a estar fría y el señor que se sentó a mi lado en el autobús olía igual que el de ayer. Pero ayer llovía.